Manuel Belgrano, el prócer que murió pobre
Un perfil
del creador de la Bandera Nacional, al cumplirse hoy un nuevo aniversario de su
fallecimiento.
Entre los muchos e interesantes
sucesos que tuvieron lugar durante el virreinato de don Nicolás de Arredondo
figuran el nacimiento de los primeros trillizos en el Río de la Plata,
una complicada invasión de loros en Buenos Aires y la creación del Consulado,
una especie de Secretaría de Comercio que debía encargarse de que los precios
no se elevaran por las nubes y de que las transacciones comerciales fueran tan
legales como lógicas.
A fines de 1793 el gobierno encomendó
las responsabilidades del Consulado a un joven de 23 años, que acababa de
recibirse de doctor en Leyes en España: Manuel José Joaquín del Corazón
de Jesús Belgrano. Llegaba un poco enfermo, producto de una sífilis que
contrajo en Madrid, y por ese motivo en más de una oportunidad tuvo que
solicitar licencias y trasladarse a descansar a San Isidro o cruzar a Maldonado
donde -es muy probable-, habrá caminado por las extensas playas de lo que es
hoy Punta del Este.
Las medidas que tomó Belgrano
favorecieron el comercio de Buenos Aires y es probable que a comienzos del
siglo XIX, de haber existido las encuestas de opinión, hubiera obtenido altos
porcentajes de imagen positiva. Sin dudas, el cargo le calzaba a la perfección.
Sin embargo, las invasiones inglesas torcieron su destino. Belgrano fue
nombrado capitán y participó al frente de sus hombres en la Defensa de 1807.
Regresó luego a sus actividades de escritorio hasta que en 1810 participó
activamente en la Semana de Mayo e integró el primer gobierno patrio. Sin
perder tiempo, renunció a su sueldo como vocal de la Junta. Debió calzarse otra
vez el uniforme y comandar una expedición para convencer (por las buenas o por
la fuerza) a los vecinos paraguayos de que debían plegarse a la revolución
porteña.
"Belgrano
tuvo que asumir de manera inesperada la acción militar. Fue nombrado de apuro
capitán y fue a la defensa de Buenos Aires en la invasión ingelsa de 1807
"
Compartilo
Aquella expedición fue un fracaso
desde el punto de vista militar, lo que confirma que aún debía acumular
experiencia en tácticas y estrategias. Sin embargo, los resultados definitivos
fueron satisfactorios: Asunción no se sumó, pero tampoco presentó la oposición
tenaz a la Junta porteña como lo hacía Montevideo. A partir de la aventura del
Paraguay se ponía en marcha la cuenta regresiva: los últimos diez años,
gloriosos, de su vida.
El gran episodio, el más célebre de
su existencia, tendría lugar en Rosario, a orillas del río Paraná donde se
encontraba alistando la defensa contra las incursiones navales de los
realistas. Belgrano armó dos baterías que debían cañonear a cualquier barco
enemigo que osara cruzar por allí. Por aquel tiempo, las Provincias
Unidas del Río de la Plata aún no habían declarado su independencia de la
Metrópoli. Por lo tanto, los dos bandos pertenecían al Reino de España y
utilizaban las mismas insignias. En un acto de gran osadía para el momento
político, Belgrano solicitó autorización para que la tropa utilizara una
escarapela diferente a la de las tropas realistas. El Primer Triunvirato aprobó
la solicitud y pocos días después, el 27 de febrero de 1812, se
despachó con un nuevo comunicado dirigido al gobierno central, en el que
informaba que había mandado enarbolar una bandera con los colores de la
escarapela en la batería que bautizó "Independencia".
Esta vez no consiguió la venia del
Triunvirato. Al contrario, para el gobierno porteño, la creación de un emblema
y la utilización de la palabra "Independencia" estaban muy
lejos de ser aprobadas. Pero cuando la desautorización llegó a Rosario, junto
con una bandera realista que enviaban para reemplazar a la celeste y blanca,
Belgrano se hallaba en camino a Jujuy, donde se haría cargo del Ejército del
Norte.
Llegó el tiempo del célebre y
sacrificado Éxodo Jujeño, la histórica marcha defensiva y la posterior
decisión de presentar batalla en las afueras de Tucumán, cuando los propios
tucumanos apoyaron al comandante Belgrano para que no retrocediera un paso
más. El 24 de septiembre de 1812 a las ocho de la mañana, minutos
antes de que 1.800 patriotas se enfrentaran a 3.000 realistas, Belgrano montaba
su caballo de pelaje rosillo. Con tanta mala suerte, que al sonar el estampido
del primer cañonazo, el manso caballo se asustó y el general fue a parar al
piso. Los soldados que observaron la escena, paisanos muy supersticiosos,
sintieron que era un mal presagio.
"La
creación de la bandera de Manuel Belgrano, uno de sus legados, se hizo pese a
que el gobierno porteño no estaba de acuerdo "
Compartilo
.
Sin embargo, la fortuna estuvo del
lado de los patriotas. Fue entonces que Belgrano alcanzó el mayor índice de
popularidad de su vida y confirmó su estrella cuando repitió el triunfo en
Salta, el 20 de febrero de 1813. Como reconocimiento por esta victoria se le
concedió un premio de 40.000 pesos en terrenos fiscales que les hubiera
permitido a él y a sus descendientes vivir sin mayores apremios
económicos. Pero Belgrano pidió a cambio que se dotaran cuatro escuelas
en Jujuy, Santiago del Estero, Tucumán y Tarija (hoy Bolivia). Además,
propició la creación de escuelas industriales y fue uno de los primeros en
sostener que había que brindar una educación más completa a las mujeres.
El ocaso militar de Belgrano comenzó
con los reveses de Vilcapugio (1/10/1813) y Ayohuma (14/11/1813). Entregó
la comandancia del ejército a José de San Martín y terminó arrestado en Luján,
mientras en Buenos Aires lo juzgaban por esas derrotas. Fue absuelto. Viajó
a Londres con Bernardino Rivadavia en misión diplomática, regresó en 1816 y
pretendió transmitir su entusiasmo por el sistema monárquico a los diputados
reunidos en Tucumán. Fracasó en el intento. Reasumió el mando del diezmado
ejército del Alto Perú que ya ocupaba un lugar secundario, frente al despliegue
del sanmartiniano de los Andes.
Según Bartolomé Mitre, "su
fisonomía era bella y simpática. Su cabeza era grande y bien modelada. La
nariz era prominente, fina y ligeramente aguileña. La boca, amable y discreta.
Era escaso de barba, no usaba bigote y llevaba la patilla corta, a la inglesa.
Belgrano era de una contextura delicada". El creador de la bandera era
rubio, medía poco menos de 1.80 cm. y su piel era rosada. Para sus soldados era
"el Alemán" (por ser rubio, vestirse "a la europea"
y hablar perfecto inglés). También lo llamaron "Cotorrita"
(por usar chaqueta verde, caminar con pasos apresurados y por su voz
aflautada). Las enfermedades comenzaron a castigarlo sin tregua a partir de
1817.
"De
muchos próceres se dice que murieron pobres y no es cierto. Pero en el caso de
Manuel Belgrano, él sí, él murió pobre. "
Compartilo
Llegó a Buenos Aires a comienzos de
junio de 1820, muy enfermo, muy dolorido y muy olvidado. Cargando con
la sífilis de su juventud, una cirrosis torturante y un cáncer hepático. El
general Belgrano murió el 20 de junio a las siete de la mañana. Ese día los
porteños estaban enfrascados en cuestiones políticas: se alternaron tres
gobiernos en aquel anárquico día de renuncias y asunciones.
Al funeral asistieron su familia y un
par de amigos, entre ellos el doctor Joseph Redhead, a quien
Belgrano le legó su reloj porque no tenía dinero para pagarle los honorarios.
Ante la imposibilidad de pagar una lápida, uno de sus hermanos cedió el
mármol de una cómoda.
De muchos próceres se dice que
murieron pobres y no es cierto. Belgrano sí murió pobre.
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